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25 ago 2011
20 jul 2011
ARGELIA
Argelia es una meseta maciza, seca; la mayor parte de la población vive en el Tell, una franja estrecha que da al Mediterráneo. Hacia 1830, año en que los colonizadores franceses entraron en el territorio, los vecinos eran todos musulmanes, pero pertenecían a tres capas de población: Los beréberes, descendientes de los antiguos habitantes, habían sido rechazados a las montañas y a una parte del Sahara. El grupo más importante, los kabilas, habitaban en el macizo montañoso al este de Argel y vivían del cultivo y la ganadería. Aunque convertidos al mahometis- mo, conservaron su lengua tradicional y siguieron considerándose independientes del gobierno de Argel, a tanto que se negaban a pagar tributos. Los nómades, árabes, llegados en el siglo XI, que habitaban en la meseta y el desierto; vivían bajo tiendas, criaban camellos, cabras y carneros. Los moros, musulmanes de raza mezclada, habitaban en las ciudades dedicados al comercio. En las ciudades también habitaban judíos orientales, turcos y renegados europeos convertidos al mahometismo para servir de soldados, marinos o funcionarios.
En 1847, Francia había vencido casi completamente la resistencia de los argelinos, pero ésta siguió activa hasta 1884. Solo en el año 1954 se inició el movimiento que combatió contra 500.000 soldados franceses. Fue una larga y cruenta lucha para lograr la independencia. El presidente de Gaulle promovió unas negociaciones de paz, culminando con un plebiscito sobre la independencia. El gobierno de Ben Bella, que resultó elegido, en 1965, fue depuesto por el general Boumedienne y, a su muerte, en 1979, le sucedió en la Presidencia, el coronel Chadli Benjedid, quien, en 1992, anunció su renuncia al cargo para evitar que el Frente Islámico de Salvación tomara el control del Parlamento; el FIS, en las elecciones de Diciembre de 1991, había ganado 188 de los 221 escaños y era seguro que en los comicios de enero obtendría la mayoría absoluta. Las autoridades invalidaron este resultado y suspendieron indefinidamente las futuras elecciones. Finalmente, apresaron al jefe del FIS Abdelkader Hachani y clausuraron todas las sedes del movimiento islámico.
Argelia es, después de Sudán, es el país de mayor extensión en el continente africano - 2.381.751 kilómetros - y con una población que supera los 25 millones de habitantes. En el norte, tiene costas en el mar Mediterráneo.
En 1847, Francia había vencido casi completamente la resistencia de los argelinos, pero ésta siguió activa hasta 1884. Solo en el año 1954 se inició el movimiento que combatió contra 500.000 soldados franceses. Fue una larga y cruenta lucha para lograr la independencia. El presidente de Gaulle promovió unas negociaciones de paz, culminando con un plebiscito sobre la independencia. El gobierno de Ben Bella, que resultó elegido, en 1965, fue depuesto por el general Boumedienne y, a su muerte, en 1979, le sucedió en la Presidencia, el coronel Chadli Benjedid, quien, en 1992, anunció su renuncia al cargo para evitar que el Frente Islámico de Salvación tomara el control del Parlamento; el FIS, en las elecciones de Diciembre de 1991, había ganado 188 de los 221 escaños y era seguro que en los comicios de enero obtendría la mayoría absoluta. Las autoridades invalidaron este resultado y suspendieron indefinidamente las futuras elecciones. Finalmente, apresaron al jefe del FIS Abdelkader Hachani y clausuraron todas las sedes del movimiento islámico.
Argelia es, después de Sudán, es el país de mayor extensión en el continente africano - 2.381.751 kilómetros - y con una población que supera los 25 millones de habitantes. En el norte, tiene costas en el mar Mediterráneo.
12 may 2011
8 may 2011
30 abr 2011
El rio Amazonas
Francisco de Orellana, natural de Trujillo, España, fue el descubri-dor del Río Amazonas, el mayor del globo por su caudal y por la superficie de su cuenca. La longitud del Amazonas, varía de 5.300 a 6.180 kilómetros, según se considere como su fuente de origen el río Marañón o el río Ucayalí.
El Amazonas baja de los Andes peruanos, atraviesa Brasil como río de llanura y desagua en el Atlántico con un frente de 300 kilómetros. Al cruzar Brasil toma el nombre de Solimoes y solo se llama Amazonas desde que recibe las aguas del río Negro, otro de sus afluentes. El Amazonas tiene varios miles de ríos afluentes.
Francisco de Orellana, llamado el Tuerto, protagonizó la fantástica aventura de recorrer sus miles de kilómetros, en 1542, desde el Perú hasta su gigantesca desembocadura en el Atlántico, al mando de un grupo compuesto solo por 60 hombres.
El Amazonas baja de los Andes peruanos, atraviesa Brasil como río de llanura y desagua en el Atlántico con un frente de 300 kilómetros. Al cruzar Brasil toma el nombre de Solimoes y solo se llama Amazonas desde que recibe las aguas del río Negro, otro de sus afluentes. El Amazonas tiene varios miles de ríos afluentes.
Francisco de Orellana, llamado el Tuerto, protagonizó la fantástica aventura de recorrer sus miles de kilómetros, en 1542, desde el Perú hasta su gigantesca desembocadura en el Atlántico, al mando de un grupo compuesto solo por 60 hombres.
22 abr 2011
Semana Santa
La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret o, lo que es igual, conmemorar sus últimos días; por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección.
La Semana Santa va precedida por la Cuaresma, que finaliza en la Semana de Pasión donde se celebra la eucaristía en el Jueves Santo, se conmemora la Crucifixión de Jesús el Viernes Santo y la Resurrección en la Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Durante la Semana Santa tienen lugar numerosas muestras de religiosidad popular a lo largo de todo el mundo, destacando las procesiones y las representaciones de la Pasión.
La Semana Santa va precedida por la Cuaresma, que finaliza en la Semana de Pasión donde se celebra la eucaristía en el Jueves Santo, se conmemora la Crucifixión de Jesús el Viernes Santo y la Resurrección en la Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Durante la Semana Santa tienen lugar numerosas muestras de religiosidad popular a lo largo de todo el mundo, destacando las procesiones y las representaciones de la Pasión.
21 abr 2011
¿QUÉ ES LA ENERGÍA?
En el lenguaje con que designamos al mundo que nos rodea, damos por supuesto el significado de la palabra energía; en la vida diaria sugiere movimiento, vitalidad, fuerza. Se denomina un hombre enérgico al hombre de acción; nos dicen que los alimentos de elevado contenido de energía, deben formar parte de nuestro régimen alimenticio; por su parte, las compañías petrolíferas anuncian junto a las carreteras carteles para anunciar que venden un combustible de elevada energía. Esta palabra ha dado al mundo moderno una nueva actitud hacia la vida. Pero ¿qué significa, en realidad, energía? En su sentido popular, ofrece una promesa de logro; un hombre enérgico es aquel que vive con entusiasmo, y la gasolina de gran energía es la que hace que nuestro automóvil corra más y mejor.
A decir verdad, el hombre moderno no tiene dificultad en representarse a la energía y la materia como los dos aspectos del universo. Materia y energía unidas forman nuestro cosmos -la materia, es la sustancia; la energía, es el móvil de la sustancia -. Pero ese dualismo no es una idea sencilla, y el concepto mismo de energía es relativamente reciente en el mundo del saber. Invisible e impalpable, la energía solamente puede ser imaginada en la mente del hombre. La manera en que llegó a ser concebida en toda su complejidad, y cómo llegó a ser utilizada en nuestras vidas diarias, constituye una de las mejores aventuras de la ciencia.
La materia ha sido siempre un concepto mucho más asequible para el hombre. La materia es sustancia; pesa y ocupa lugar; puede ser vista, olida, palpada. Una cosa es ver venir una piedra lanzada con furia y sentir la herida que produce su impacto, y otra cosa mucho más difícil es imaginar que en aquella piedra en movimiento existe una cualidad intangible que parece desvanecerse tan pronto como vuelve a alcanzar el suelo. Y, no obstante, fue reflexionando sobre objetos en movimiento que el hombre comenzó a desarrollar su concepto de energía; y, en último término, considerando a la energía como el poder que todo lo abarca en el universo.
Los antiguos griegos, que se interrogaban sobre todas las cosas, estaban seguros de que los cuerpos pesados se caían al suelo impulsados por cierto deseo interno de buscar sus lugares propios, pero esa idea no les condujo nunca a ningún examen científico importante de los cuerpos en caída. Aristóteles postuló un Móvil inmóvil que se esforzaba perpetuamente por mantener los planetas en movimiento, y durante siglos posteriores al filósofo griego, se supuso siempre que todo movimiento requería una fuerza continua para mantenerlo. Suponían que las flechas y las balas de los cañones, una vez disparadas, se mantenían en movimiento horizontal gracias a la ayuda del aire que las empujaba por detrás dirigiéndolas hacia su fin destructor. Aristóteles creía que un objeto volador comprimía el aire a través del cual se movía, haciendo que ese aire se precipitase hacia la parte posterior del objeto y de este modo, le proporcionaba una fuerza suplementaria.
Esas ideas fueron destruidas por el tenaz enemigo de las ideas aristotélicas erróneas, Galileo Galilei. El verdadero estudio de la energía, y en realidad el de toda la ciencia física moderna, comenzó en la fértil mente de ese genio italiano del siglo XVI. Galileo, dice la leyenda, efectuó su primera observación conocida de los fenómenos físicos en 1583, a la edad de 19 años, en la catedral de Pisa observando la oscilación rítmica de una lámpara suspendida de una larga cadena. Observó que, mientras que el movimiento del arco, hacia adelante y hacia atrás, se iba haciendo cada vez más pequeño, el tiempo que la lámpara tardaba en desplazarse de un lado a otro permanecía constante. Como el reloj de bolsillo no había sido aún inventado, Galileo, sencillamente, contaba el número de sus propias pulsaciones a cada oscilación. Utilizando luego cordeles y varios pesos sencillos, Galileo construyó diversos péndulos primitivos y estudió cuidadosamente su comportamiento.
Observó que cada vez que un péndulo oscila hacia arriba llega hasta casi tan alto como el punto desde el cual había previamente oscilado hacia abajo. Así Galileo pudo afirmar confiadamente que "en general, el momento adquirido por caída a lo largo de un arco (de péndulo) es igual al que puede elevar el mismo cuerpo a lo largo del mismo arco".
Encantado con lo que los cuerpos en caída le prometían Galileo atacó otra teoría, generalmente aceptada por los aristotélicos, quienes habían afirmado arbitrariamente que los cuerpos caían a velocidades que dependían de su peso. Según una historia posiblemente apócrifa, nunca escrita durante su vida, Galileo dejó caer una bala de cañón de 100 libras de peso, y otra bala de una libra de peso, desde lo alto de la torre de Pisa, de 54 metros de altura; se dice que cayeron al mismo tiempo y que juntas llegaron al suelo. Galileo llevó a cabo experimentos más cuidadosos y dedujo que todos los cuerpos caen exactamente a la misma velocidad si se prescinde del efecto de la resistencia del aire. Los resultados de Galileo estimularon a otros muchos en el estudio de la Mecánica, ciencia que ha conducido al hombre a la comprensión que hoy tenemos de la energía.
La investigación empezó a tomar forma entre los matemáticos.
En el siglo XVII, hombres como Rene Descartes, Isaac Newton y Gottfried Wilheim von Leibniz procuraron clasificar la idea de la fuerza que hoy comúnmente llamamos empujar o tirar. Habiendo observado que la fuerza obraba sobre los objetos poniéndolos en movimiento, intentaron al principio definir la fuerza en términos de la cantidad de movimiento que producía. Se enfrentaron con preguntas tales como las siguientes: ¿Cómo podría medirse el efecto de una fuerza? ¿Cómo podrían compararse los efectos de dos fuerzas diferentes?
Leibniz, al intentar idear alguna manera de medir las fuerzas, estudió los experimentos de Galileo con los cuerpos en caída, quien había descubierto que todos los cuerpos caen a la misma velocidad, cualquiera que sea su tamaño o su peso. No obstante, Leibniz se dio cuenta de que un objeto que pesase una tonelada haría mucho más daño al alcanzar el suelo que uno que pesase una onza, aun cuando los dos llegasen al mismo tiempo. Ahí había una manera de medir la fuerza; se trataba sencillamente de idear una manera de medir la magnitud del impacto que el objeto producía. Es perfectamente evidente, decía Leibniz, que el impacto depende de dos cosas: de cuánto pesa el objeto y desde qué altura cae. Se trata de una observación de sentido común, pues todo el mundo sabe que un ladrillo que cae de un metro causa menos daño que uno que cae de cien metros.
Pero supongamos que no nos interesa la fuerza creada por -un objeto que cae, sino que lo que nos interesa es un objeto que se eleva por el aire, como una pelota que se lanza a lo alto, o que rueda horizontalmente, como una bocha. ¿Dónde entra la altura en tales medidas? Leibniz se dio cuenta de que no era la altura lo realmente importante, sino la velocidad a que caía el objeto - la cual, naturalmente, resulta también estar directamente relacionada con la altura desde la cual cae. Cuanto mayor es la caída, tanto mayor es la velocidad. Leibniz modificó su fórmula diciendo que la medida de la fuerza dependía del peso del objeto y de la velocidad a que iba.
Leibniz luego inventó un nombre para el impacto, y lo llamó üis viva, que quiere decir fuerza viva;y que era la cualidad que poseía el objeto que le permitía dañar a otro objeto. La fórmula que Leibniz utilizó para medir la vis viva es la misma que los físicos modernos utilizan para medir la energía cinética, o energía del movimiento. Lo que Leibniz había elaborado una descripción matemática de la energía cinética.
Al mismo tiempo que Leibniz, en Alemania, estudiaba los cuerpos en movimiento, el matemático holandés Christian Huygens realizaba una investigación relacionada con aquel estudio. Huygens empleó largas horas analizando lo que ocurría cuando chocaban dos objetos en movimiento, y en 1699 se publicaron los resultados de sus meticulosas observaciones, los cuales declaraban que en una colisión tal como la que podría producirse entre dos bolas de billar perfectamente duras, la suma de la vis viva en cada una de las dos bolas es la misma antes y después del impacto. Una bola puede haber sido retardada por la colisión, pero la otra habrá sido acelerada. Por lo tanto, la suma de las dos vis vivas será siempre la misma
Hoy podemos darnos cuenta de que, al reemplazar la expresión vis viva por la de energía cinética, la observación de Huygens significa que, cuando dos objetos chocan, la energía cinética se conserva: es decir, que si bien puede ser modificada, no se pierde nada de ella.
En esa observación de Huygens, del siglo XVII, se halla el principio de un concepto fundamental de la física moderna: la Ley de la Conservación de la Energía, formulada al fin de la década de 1840, la cual sencillamente afirma que la energía del universo no puede ser ni creada ni destruida.
A decir verdad, el hombre moderno no tiene dificultad en representarse a la energía y la materia como los dos aspectos del universo. Materia y energía unidas forman nuestro cosmos -la materia, es la sustancia; la energía, es el móvil de la sustancia -. Pero ese dualismo no es una idea sencilla, y el concepto mismo de energía es relativamente reciente en el mundo del saber. Invisible e impalpable, la energía solamente puede ser imaginada en la mente del hombre. La manera en que llegó a ser concebida en toda su complejidad, y cómo llegó a ser utilizada en nuestras vidas diarias, constituye una de las mejores aventuras de la ciencia.
La materia ha sido siempre un concepto mucho más asequible para el hombre. La materia es sustancia; pesa y ocupa lugar; puede ser vista, olida, palpada. Una cosa es ver venir una piedra lanzada con furia y sentir la herida que produce su impacto, y otra cosa mucho más difícil es imaginar que en aquella piedra en movimiento existe una cualidad intangible que parece desvanecerse tan pronto como vuelve a alcanzar el suelo. Y, no obstante, fue reflexionando sobre objetos en movimiento que el hombre comenzó a desarrollar su concepto de energía; y, en último término, considerando a la energía como el poder que todo lo abarca en el universo.
Los antiguos griegos, que se interrogaban sobre todas las cosas, estaban seguros de que los cuerpos pesados se caían al suelo impulsados por cierto deseo interno de buscar sus lugares propios, pero esa idea no les condujo nunca a ningún examen científico importante de los cuerpos en caída. Aristóteles postuló un Móvil inmóvil que se esforzaba perpetuamente por mantener los planetas en movimiento, y durante siglos posteriores al filósofo griego, se supuso siempre que todo movimiento requería una fuerza continua para mantenerlo. Suponían que las flechas y las balas de los cañones, una vez disparadas, se mantenían en movimiento horizontal gracias a la ayuda del aire que las empujaba por detrás dirigiéndolas hacia su fin destructor. Aristóteles creía que un objeto volador comprimía el aire a través del cual se movía, haciendo que ese aire se precipitase hacia la parte posterior del objeto y de este modo, le proporcionaba una fuerza suplementaria.
Esas ideas fueron destruidas por el tenaz enemigo de las ideas aristotélicas erróneas, Galileo Galilei. El verdadero estudio de la energía, y en realidad el de toda la ciencia física moderna, comenzó en la fértil mente de ese genio italiano del siglo XVI. Galileo, dice la leyenda, efectuó su primera observación conocida de los fenómenos físicos en 1583, a la edad de 19 años, en la catedral de Pisa observando la oscilación rítmica de una lámpara suspendida de una larga cadena. Observó que, mientras que el movimiento del arco, hacia adelante y hacia atrás, se iba haciendo cada vez más pequeño, el tiempo que la lámpara tardaba en desplazarse de un lado a otro permanecía constante. Como el reloj de bolsillo no había sido aún inventado, Galileo, sencillamente, contaba el número de sus propias pulsaciones a cada oscilación. Utilizando luego cordeles y varios pesos sencillos, Galileo construyó diversos péndulos primitivos y estudió cuidadosamente su comportamiento.
Observó que cada vez que un péndulo oscila hacia arriba llega hasta casi tan alto como el punto desde el cual había previamente oscilado hacia abajo. Así Galileo pudo afirmar confiadamente que "en general, el momento adquirido por caída a lo largo de un arco (de péndulo) es igual al que puede elevar el mismo cuerpo a lo largo del mismo arco".
Encantado con lo que los cuerpos en caída le prometían Galileo atacó otra teoría, generalmente aceptada por los aristotélicos, quienes habían afirmado arbitrariamente que los cuerpos caían a velocidades que dependían de su peso. Según una historia posiblemente apócrifa, nunca escrita durante su vida, Galileo dejó caer una bala de cañón de 100 libras de peso, y otra bala de una libra de peso, desde lo alto de la torre de Pisa, de 54 metros de altura; se dice que cayeron al mismo tiempo y que juntas llegaron al suelo. Galileo llevó a cabo experimentos más cuidadosos y dedujo que todos los cuerpos caen exactamente a la misma velocidad si se prescinde del efecto de la resistencia del aire. Los resultados de Galileo estimularon a otros muchos en el estudio de la Mecánica, ciencia que ha conducido al hombre a la comprensión que hoy tenemos de la energía.
La investigación empezó a tomar forma entre los matemáticos.
En el siglo XVII, hombres como Rene Descartes, Isaac Newton y Gottfried Wilheim von Leibniz procuraron clasificar la idea de la fuerza que hoy comúnmente llamamos empujar o tirar. Habiendo observado que la fuerza obraba sobre los objetos poniéndolos en movimiento, intentaron al principio definir la fuerza en términos de la cantidad de movimiento que producía. Se enfrentaron con preguntas tales como las siguientes: ¿Cómo podría medirse el efecto de una fuerza? ¿Cómo podrían compararse los efectos de dos fuerzas diferentes?
Leibniz, al intentar idear alguna manera de medir las fuerzas, estudió los experimentos de Galileo con los cuerpos en caída, quien había descubierto que todos los cuerpos caen a la misma velocidad, cualquiera que sea su tamaño o su peso. No obstante, Leibniz se dio cuenta de que un objeto que pesase una tonelada haría mucho más daño al alcanzar el suelo que uno que pesase una onza, aun cuando los dos llegasen al mismo tiempo. Ahí había una manera de medir la fuerza; se trataba sencillamente de idear una manera de medir la magnitud del impacto que el objeto producía. Es perfectamente evidente, decía Leibniz, que el impacto depende de dos cosas: de cuánto pesa el objeto y desde qué altura cae. Se trata de una observación de sentido común, pues todo el mundo sabe que un ladrillo que cae de un metro causa menos daño que uno que cae de cien metros.
Pero supongamos que no nos interesa la fuerza creada por -un objeto que cae, sino que lo que nos interesa es un objeto que se eleva por el aire, como una pelota que se lanza a lo alto, o que rueda horizontalmente, como una bocha. ¿Dónde entra la altura en tales medidas? Leibniz se dio cuenta de que no era la altura lo realmente importante, sino la velocidad a que caía el objeto - la cual, naturalmente, resulta también estar directamente relacionada con la altura desde la cual cae. Cuanto mayor es la caída, tanto mayor es la velocidad. Leibniz modificó su fórmula diciendo que la medida de la fuerza dependía del peso del objeto y de la velocidad a que iba.
Leibniz luego inventó un nombre para el impacto, y lo llamó üis viva, que quiere decir fuerza viva;y que era la cualidad que poseía el objeto que le permitía dañar a otro objeto. La fórmula que Leibniz utilizó para medir la vis viva es la misma que los físicos modernos utilizan para medir la energía cinética, o energía del movimiento. Lo que Leibniz había elaborado una descripción matemática de la energía cinética.
Al mismo tiempo que Leibniz, en Alemania, estudiaba los cuerpos en movimiento, el matemático holandés Christian Huygens realizaba una investigación relacionada con aquel estudio. Huygens empleó largas horas analizando lo que ocurría cuando chocaban dos objetos en movimiento, y en 1699 se publicaron los resultados de sus meticulosas observaciones, los cuales declaraban que en una colisión tal como la que podría producirse entre dos bolas de billar perfectamente duras, la suma de la vis viva en cada una de las dos bolas es la misma antes y después del impacto. Una bola puede haber sido retardada por la colisión, pero la otra habrá sido acelerada. Por lo tanto, la suma de las dos vis vivas será siempre la misma
Hoy podemos darnos cuenta de que, al reemplazar la expresión vis viva por la de energía cinética, la observación de Huygens significa que, cuando dos objetos chocan, la energía cinética se conserva: es decir, que si bien puede ser modificada, no se pierde nada de ella.
En esa observación de Huygens, del siglo XVII, se halla el principio de un concepto fundamental de la física moderna: la Ley de la Conservación de la Energía, formulada al fin de la década de 1840, la cual sencillamente afirma que la energía del universo no puede ser ni creada ni destruida.
20 abr 2011
19 abr 2011
No todo lo que brilla es evolución .....
Carl Sagan, casi al terminar el siglo XX, escribió que, la Tierra, hace 10.000 años alimentaba a 10 millones de habitantes y que la revolución verde de nuestros años ha hecho factible que el planeta alimente a una población de 6.000 millones de habitantes. Este tema, en los años 70, fue una preocupación del ingeniero norteamericano Jay Ferrester, quien planteó la necesidad de reducir en 75% el consumo de los recursos naturales, limitar la contaminación a un 50% y reducir la natalidad en un 30% para hacer sostenible la vida en el futuro. Costeau, el científico que cobró celebridad por sus profundos estudios de los océanos afirmó, poco antes de morir, que "la humanidad ha causado más daño físico a la Tierra en el siglo XX que en toda la historia previa del género humano, con la proliferación nuclear, los residuos radioactivos, el mercado negro de los materiales de fisión, la destrucción de los bosques, la contaminación de los ríos y de los mares." Y agregaba "El sistema de mercado en el que vivimos crea el consumismo. Afirmo que el ciudadano carece de información, o mejor dicho, los medios de difusión lo intoxican con desinformación y la publicidad induce a las personas a comprarlo todo, incluso, cosas que no necesitan para vivir Los gobiernos no se preocupan del modo de vida que estamos deparando a las nuevas generaciones e, incluso, las Naciones Unidas que conocen estos problemas, se limitan a hacer recomendaciones, y nunca toman decisiones efectivas". Desde 1956, el consumo se ha multiplicado por seis y el planeta ha duplicado su población; el consumo de combustibles fósiles se ha multiplicado por cinco, las capturas marinas se han cuadruplicado y se ha duplicado el consumo de madera. Pero, el consumismo ha crecido de manera irregular, porque el 20% más rico del planeta acapara el 86% del consumo, dejando solo el 1,3% para el 20% más pobre. La ONU certifica estas cifras cuando informa que un niño nacido en el mundo desarrollado, él solo, a lo largo de su vida, consume más y produce más contaminación que medio centenar de niños nacidos en países poco desarrollados. Carl Sagan dice que el siglo XX será recordado por tres innovaciones, sin precedentes: 1) Unos medios para salvar, mejorar y alargar la vida, 2) Otros para destruirla y, por primera vez, con el riesgo de hacer desaparecer toda la civilización, y 3) Un conocimiento, inimaginado, de nosotros mismos, y del universo que nos rodea.
Escribió, además, que si se han creado mortales armas estratégicas, eso significa que la ciencia y la tecnología forman un arma de dos filos, y, sin embargo, el microcosmos abierto por la biología molecular, comparando gen por gen, nos prueba la profunda similitud en la evolución biológica del hombre y el chimpancé, animal con el que compartimos el 99,6% de nuestros genes, lo que confirma que ellos son nuestros parientes más próximos. Aunque no son tan destructivos.
15 abr 2011
14 abr 2011
8 abr 2011
7 abr 2011
Imagen del dia .....
Como es habitual nuestro colaborador Pere Canovas, insigne artista vitraller nos retrata de una forma satírica el recién acabado túnel por el cual pasará el tren AVE - Alta Velocidad Española - por debajo de la Sagrada Familia, cuya colosal estructura puede resentirse o incluso provocar su caída con la vibración que provocará el paso de los trenes.
Creditos Gaudi y Barcelona club
5 abr 2011
¡¡¡ESPECTACULAR!!! FOTO DE GRAN RESOLUCION...)
Fotos de 26 gigapixeles...
¿Dónde van a llegar estos alemanes?!
Merece la pena ver esta maravilla: una foto de 26 gigapíxeles, nuevo record mundial de resolución ...
Primero deja que se cargue la foto del paisaje y después pincha en las fotos pequeñas, ¡¡¡Impresionante!!!
Dar click en el siguiente link en rojo
http://www.dresden-26-gigapixels.com/dresden26GP#
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28 ene 2011
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